Qué fotografías necesita un seguro para entender los daños de una vivienda
Un expediente de siniestro se gana o se pierde en las primeras horas, cuando el daño todavía está tal como quedó. Lo que decide su calidad no es cuántas fotografías hay, sino que existan las tres escalas —general, medio y detalle—, que haya una referencia de tamaño y que nadie haya tocado nada antes de disparar. Esta guía ordena esa secuencia y señala dónde termina lo que una fotografía puede acreditar.
- El orden, no el número. Un expediente con doce fotografías ordenadas de general a detalle se entiende. Uno con ochenta primeros planos del mismo cerco, no.
- Lo que se hizo antes de tocar nada. Todo lo que se limpia, se seca o se repara deja de poder fotografiarse. Las primeras dos horas valen más que las dos semanas siguientes.
- La distinción entre lo que se ve y lo que se supone. Una fotografía acredita un estado. La causa de ese estado la establece quien puede inspeccionar, y se demuestra aparte.
Antes de tocar nada
Cuando entra agua en casa, la reacción normal es coger la fregona. Es también la reacción que destruye la mitad de la información: el nivel que alcanzó el agua, por dónde corrió, qué tocó primero. Nada de eso se reconstruye después.
Hay un margen razonable entre no hacer nada y arrasar con todo, y la propia Ley 50/1980, de Contrato de Seguro lo dibuja. Su artículo 17 obliga al asegurado a emplear los medios a su alcance para aminorar las consecuencias del siniestro, y dice que los gastos de salvamento razonables y proporcionados corren a cargo del asegurador dentro de los límites del contrato. Es decir: cerrar la llave, achicar y proteger lo que se pueda salvar no sólo está permitido, es lo que se espera. Lo que conviene es fotografiar antes de cada una de esas acciones, no después.
Regla práctica Dos minutos de fotografías antes de la primera fregona. Si hay que elegir entre documentar y evitar que el agua llegue al cuadro eléctrico, se evita que llegue al cuadro eléctrico y se fotografía en cuanto se pueda, anotando qué se hizo y a qué hora.
Cuándo no entrar y qué no tocar
Documentar nunca justifica un riesgo. Hay situaciones en las que la fotografía espera:
- Agua y electricidad juntas. Si hay agua en contacto con mecanismos, luminarias o el cuadro, no se entra ni se acciona nada: se corta el suministro desde un punto seco y, si no es posible, se avisa. Ninguna fotografía vale una descarga.
- Techos abombados o descolgados. Un falso techo cargado de agua puede caer entero. Se fotografía desde el umbral, con zoom, no desde debajo.
- Grietas nuevas, deformaciones o desprendimientos junto al daño: puede haber un problema estructural y la prioridad deja de ser el expediente.
- Olor a gas, humo o restos de incendio. Se sale y se avisa a los servicios de emergencia.
- Un forzamiento tras un robo. No se toca, no se limpia y no se recoge nada hasta que se haya denunciado y, en su caso, inspeccionado.
La secuencia: general, medio, detalle
Toda la fotografía de daños se sostiene sobre tres escalas, y la utilidad de cada una depende de que existan las otras dos. Quien reciba el expediente no ha estado en la vivienda: necesita poder recorrerla mentalmente desde la puerta hasta la mancha.
1. Plano general de la estancia
Desde la puerta o desde la esquina más alejada, con el suelo y el techo dentro del encuadre. Una por cada estancia afectada, aunque el daño parezca el mismo. Si dos habitaciones están afectadas, añade una toma del paso entre ellas: es lo que explica cómo se conectan.
Este plano responde a una pregunta que parece tonta y que después nadie puede responder: ¿dónde está esto? Sin él, un detalle de una mancha marrón es una mancha marrón en algún sitio.
2. Plano medio: el daño y su elemento constructivo
Es el que más falta hace y el que casi nadie hace. Encuadra el elemento completo —el techo entero, el paño de pared, el tramo de suelo— y su encuentro con lo que tiene al lado. Debe verse a la vez la zona dañada y una zona sana del mismo elemento, porque la comparación es lo que da la medida real del alcance.
3. Detalle
A unos treinta centímetros, con luz natural y sin flash directo. El flash aplana el relieve justo donde interesa verlo: el ampollado de la pintura, el labio de una junta abierta, la textura de una eflorescencia. Si hay poca luz, una lámpara lateral rasante hace más que el flash frontal.
Fotografía el punto de mayor daño y también el punto más avanzado, el borde por donde el daño progresa. Ese borde es el que permitirá saber, dentro de un mes, si la cosa sigue creciendo.
4. La escala, sin tocar el daño
Cada detalle importante se repite una segunda vez con una referencia de tamaño al lado. Vale un folio A4, una tarjeta bancaria, una moneda o una cinta métrica extendida. Dos condiciones: que el objeto esté junto al daño y en su mismo plano, no encima, y que no se apoye sobre superficies que puedan desprenderse.
Si el daño tiene altura —una mancha que sube por una pared, un nivel de agua— la cinta métrica extendida desde el suelo hasta el borde superior convierte una impresión en un dato.
El posible origen
El origen se fotografía aunque no se esté seguro, y se fotografía como observación, no como conclusión. Lo que hay encima, lo que hay al otro lado del tabique, el cuarto húmedo más cercano, la bajante que pasa por ahí, el registro que no se puede abrir.
Si no hay origen visible, fotografía igualmente los puntos que has descartado. Sirve para acreditar que se buscó, y en un expediente que se alarga eso cuenta.
- Una fotografía acredita un estado en un momento. Que el agua venga del piso de arriba, de una tubería comunitaria o de la fachada es una conclusión distinta, y se establece con inspección, no con encuadre.
- Atribuir por escrito una causa que no está probada puede volverse en contra cuando aparezca otra. Describe lo que ves: «mancha en el techo del dormitorio, bajo la vertical del baño del piso superior» dice más y compromete menos que «fuga del vecino».
- La Ley 50/1980 pide informar de las circunstancias del siniestro, no dictaminar sobre ellas.
Bienes afectados y su identificación
Los bienes se fotografían de dos maneras: el objeto entero y, por separado, su placa de características con marca, modelo y número de serie. Un televisor sin número de serie es «un televisor». Con él, es un aparato concreto.
- Electrodomésticos y electrónica: aparato completo y etiqueta identificativa. No los enciendas para comprobar si funcionan: si han cogido agua, encenderlos puede terminar de estropearlos y complica explicar el estado en que quedaron.
- Textiles: extendidos y agrupados por tipo, antes de lavarlos.
- Libros y documentos: tal como están, sin separar las hojas pegadas.
- Muebles: una toma general y otra de la zona dañada, con la escala si el daño es pequeño.
El artículo 38 de la Ley de Contrato de Seguro pide al asegurado comunicar por escrito, en los cinco días siguientes a la notificación, la relación de objetos existentes al ocurrir el siniestro, la de los salvados y la estimación de los daños, y añade que la prueba de la preexistencia le corresponde a él. Por eso las facturas, los manuales, las cajas y hasta las fotografías antiguas donde el objeto aparece en la casa dejan de ser papeles sueltos y pasan a ser parte del expediente. Para ordenarlo todo está el inventario documentado de daños.
Fecha, hora y contexto
La cámara del móvil ya guarda fecha y hora en los metadatos de cada archivo. Eso es suficiente mientras no se toque el original. Lo que la cámara no guarda es el contexto, y ese se anota aparte: cuándo se detectó el daño, qué se hizo y a qué hora, si llovió esos días.
Cuando la lluvia importa —una filtración de fachada, una entrada de agua desde el exterior— los datos de la estación meteorológica más próxima se consultan en AEMET. Y si el episodio fue un fenómeno extraordinario, la cobertura puede corresponder al Consorcio de Compensación de Seguros, que tiene su propio procedimiento y sus propias definiciones técnicas de qué cuenta como inundación extraordinaria o tempestad ciclónica atípica.
Todo lo que se comunique, se responda o se haga tiene su sitio en una línea de tiempo. Cómo llevarla está en la cronología de un siniestro.
Fotografías que aportan poco
Hay tomas que engordan el expediente sin añadir nada:
- Veinte detalles casi idénticos del mismo punto. Con dos, uno con escala, basta.
- Primeros planos sin referencia. Una superficie mojada a diez centímetros puede ser un techo, un suelo o el interior de un armario.
- Fotografías movidas o a contraluz que hay que interpretar. Si tú dudas de lo que se ve, quien la reciba también.
- El cubo lleno de agua sin que se vea de dónde cae.
- Capturas de pantalla de fotografías. Pierden los metadatos y añaden compresión.
- Vídeos largos como sustituto de las fotografías. Un vídeo complementa; buscar un fotograma dentro de cuatro minutos de grabación no lo hace nadie.
Lo que no debe manipularse
Esto no es un consejo de prudencia: es la diferencia entre un expediente y un problema.
- No se moja, se rasca ni se agranda un daño para que se aprecie mejor.
- No se colocan objetos dañados en un lugar donde no estaban para que aparezcan en el encuadre.
- No se retocan las imágenes: ni recorte que oculte contexto, ni ajustes de color que cambien lo que se ve. Aclarar una sombra para que se lea algo es defendible si se conserva el original y se dice; cualquier otra cosa, no.
- No se cambia la fecha del dispositivo ni se editan los metadatos.
- No se aportan fotografías de otro siniestro, de otra vivienda o descargadas de internet.
Una imagen manipulada que se detecta no sólo se descarta: contamina todo lo demás, incluida la parte del expediente que era buena.
Archivos, metadatos y nombres
Los originales se conservan tal cual salen de la cámara, sin editar y sin borrar, en una carpeta que no se toque. Todo el trabajo posterior se hace sobre copias.
- No los envíes por aplicaciones de mensajería si son la prueba: casi todas recomprimen la imagen y eliminan los metadatos. Para compartir con la aseguradora, correo con adjuntos o el canal que ella indique.
- Haz una copia de seguridad el mismo día, en otro dispositivo o en la nube.
- Nombra los archivos con una pauta que se ordene sola:
2026-09-06_salon_general_01.jpg. Fecha en formato año-mes-día, estancia, tipo de plano y número. Al ordenar la carpeta por nombre, el expediente se lee solo. - Haz un índice de una línea por fotografía, con su nombre y qué muestra. Es lo que convierte una carpeta en un documento.
Genera tu lista antes de empezar
Todo lo anterior cambia según lo que haya pasado y qué esté afectado. Esta herramienta escribe la lista concreta para tu caso, en el orden en que conviene recorrerla, y la deja lista para imprimir y llevártela en la mano por la casa.
Generador de lista fotográfica del siniestro
Describe lo que ha pasado y devuelve la relación de fotografías que conviene hacer, en el orden en que conviene hacerlas. Organiza documentación: no evalúa cobertura, no valora daños y no sustituye asesoramiento técnico ni jurídico.
La lista se genera aquí mismo. No se suben fotografías, no se envía nada a ningún servidor y no se recoge ningún dato.
Cuando la fotografía ya no basta
Si hay desacuerdo en la valoración, el artículo 38 de la Ley de Contrato de Seguro prevé que cada parte designe un perito y, si estos no coinciden, que se nombre un tercero. Los plazos son cortos: ocho días para designar perito desde que la otra parte comunica el suyo, y treinta días para el dictamen del tercero desde que acepta el cargo. El artículo 39 añade que cada parte paga su perito y que el tercero se abona por mitad, salvo que alguien haya sostenido una valoración manifiestamente desproporcionada.
Y antes de eso hay un paso obligatorio si lo que quieres es reclamar formalmente: el servicio de atención a la clientela de la aseguradora. Sólo después cabe acudir al Servicio de Reclamaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones. El itinerario completo, con los plazos que rigen hoy —que no son los que suele leerse— y con los cuatro tipos de negativa que conviene distinguir, está en si la aseguradora rechaza el siniestro o valora a la baja.