Condensación, humedad relativa y punto de rocío
Una condensación no se explica con una sola cifra. Hace falta saber cuánto vapor lleva el aire, a qué temperatura está la superficie más fría de la habitación y cuánto margen queda entre las dos. Esta guía explica esos tres números, cómo medirlos sin instrumental de laboratorio y por qué hay moho en casas donde nunca se ha visto una gota.
- Cuánto vapor lleva el aire. No la humedad relativa: la cantidad real de agua. Dos habitaciones al 60 % a temperaturas distintas no tienen la misma agua dentro.
- A qué temperatura está la superficie más fría. No la de la habitación: la del rincón, el dintel o la caja de persiana.
- Cuánto margen queda entre las dos. Si es negativo, hay gotas. Si es positivo pero estrecho, hay moho sin gotas, que es peor porque nadie lo ve venir.
Por qué la humedad relativa engaña
La humedad relativa no mide cuánta agua hay en el aire. Mide qué porcentaje del agua que cabría a esa temperatura está presente. Y lo que cabe cambia muchísimo con el termómetro: el aire caliente admite mucho más vapor que el frío.
De ahí sale la consecuencia que desconcierta a todo el mundo: el mismo aire, sin ganar ni perder una gota, sube su humedad relativa al enfriarse. Un aire a 21 °C y 55 % de humedad relativa está cómodo. Ese mismo aire, sin añadirle nada, pegado a un rincón de fachada a 11 °C, está saturado. Ahí no hay un problema de humedad: hay un problema de temperatura superficial.
Los dos umbrales Punto de rocío: temperatura a la que el aire se satura y aparece agua líquida. Umbral de moho: temperatura a la que la humedad relativa junto a la superficie llegaría al 80 %. Está bastante por encima del punto de rocío, y es el que explica las manchas negras en casas donde nunca se ha visto una gota.
De dónde sale el vapor
El agua del aire interior tiene origen doméstico y, casi siempre, cotidiano. Respirar, ducharse, cocinar, tender ropa dentro, fregar, incluso las plantas. En una vivienda ocupada se generan cada día varios litros de vapor, y ese vapor no desaparece solo: o sale ventilando, o condensa en algún sitio.
Las fuentes que más pesan y menos se sospechan son tres: secar ropa dentro sin extracción, cocinar sin campana o con la campana en recirculación —que filtra grasa pero no saca vapor— y una secadora de condensación mal ventilada. Un aparato de gas sin salida al exterior también aporta agua, además de otras cosas peores.
Por qué las esquinas son frías
Un rincón entre dos muros de fachada tiene más superficie exterior que interior: pierde calor por dos caras y lo recibe por una. Lo mismo pasa en los encuentros con el forjado, en los dinteles, en las cajas de persiana y detrás de cualquier mueble adosado a fachada, donde el aire caliente de la habitación directamente no llega.
Esos son los puentes térmicos, y son el sitio donde la condensación aparece primero. Por eso las manchas de condensación siguen un patrón geométrico reconocible: perímetros, esquinas, líneas rectas que coinciden con la estructura. Nada de eso se parece a una mancha de filtración, que suele arrancar de un punto y avanzar.
El marco técnico de todo esto está en el Documento Básico HE de Ahorro de Energía del Código Técnico de la Edificación, que trata la limitación de las condensaciones, y en UNE-EN ISO 13788, que da los métodos de cálculo de la temperatura superficial interior necesaria para evitar la humedad superficial crítica y la condensación intersticial. La norma es de cálculo de proyecto, no de diagnóstico doméstico: lo que se puede hacer en casa es medir y comparar.
Cómo se reconoce una mancha de condensación
Antes de medir nada, la propia mancha ya dice cosas. La condensación tiene una firma geométrica que la separa bastante bien de las otras dos humedades domésticas.
- Sigue la geometría del edificio, no la del agua. Aparece en perímetros, esquinas, líneas rectas que coinciden con un pilar, un forjado o un dintel. Una filtración, en cambio, arranca de un punto y avanza como una mancha de tinta.
- Tiene el borde difuso y una intensidad que decrece hacia fuera sin un límite claro.
- Aparece por detrás de los muebles pegados a fachada, dentro de los armarios, en el trasdós de las cabeceras de cama: donde el aire caliente de la habitación no circula.
- Tiene calendario. Empeora en invierno con la casa cerrada, suele remitir en verano y se agrava justo después de un episodio de vida doméstica intensa: cocinar, duchas seguidas, tender dentro.
- Suele venir acompañada de vaho en los cristales por la mañana, que es el mismo fenómeno en una superficie que se ve.
Ninguna de estas señales prueba nada por sí sola, y hay casos mixtos. Pero si se dan varias a la vez, y el ensayo de la lámina confirma que el agua llega del aire, la hipótesis se sostiene.
Cómo medir sin instrumental de laboratorio
Hacen falta dos cifras, y las dos se consiguen barato.
- Temperatura y humedad relativa del aire. Un termohigrómetro doméstico basta. Colócalo a media altura, lejos de radiadores, ventanas y del paso de gente, y déjalo estabilizar al menos media hora antes de leer.
- Temperatura de la superficie. Un termómetro de infrarrojos apuntado al rincón afectado. Es el dato que casi nadie mide y el que decide el caso.
Mide a la hora mala, no a la buena. Las condiciones críticas se dan de madrugada y a primera hora, con la casa cerrada y la calefacción apagada, no a mediodía con sol. Un registro de tres o cuatro días a la misma hora vale más que una lectura brillante.
Un ejemplo con números
Salón a 21 °C y 60 % de humedad relativa. Con esos dos datos, el punto de rocío queda en 12,9 °C y el umbral de moho en 16,4 °C. Es decir: cualquier superficie por debajo de 12,9 °C tendrá gotas, y cualquiera por debajo de 16,4 °C estará en zona de riesgo de moho aunque se vea perfectamente seca.
Si el termómetro de infrarrojos marca 15 °C en el rincón de fachada, no habrá ni una gota —quedan 2,1 °C de margen sobre el rocío— y sin embargo ese rincón lleva meses por debajo del umbral de moho. Esos 3,5 °C que separan los dos umbrales son la razón de que tanta gente jure que su pared «está seca» mientras la mancha negra sigue avanzando.
Calcula tus dos umbrales
Con la temperatura del aire y su humedad relativa, la herramienta devuelve el punto de rocío y el umbral de moho. Si además mides la superficie, te dice de qué lado estás.
Punto de rocío y riesgo de condensación
Devuelve la temperatura por debajo de la cual una superficie condensa agua, y la temperatura por debajo de la cual hay riesgo de moho aunque no se vea ni una gota. Es un cálculo sobre las condiciones del aire, no un diagnóstico de tu mancha.
Qué hacer con el resultado
Sólo hay tres palancas, y conviene tirar de ellas en este orden porque van de gratis a cara.
- Producir menos vapor. Tapar las ollas, usar la campana con salida al exterior, no tender dentro, encender el extractor del baño durante y después de la ducha.
- Sacar el que se produce. Ventilación cruzada breve e intensa —cinco a diez minutos con corriente— en lugar de una ventana entreabierta todo el día, que enfría los paramentos sin renovar gran cosa. Si hay aireadores o rejillas, que estén limpios y abiertos.
- Subir la temperatura de la superficie fría. Separar los muebles de la fachada unos centímetros, mantener una temperatura de fondo estable en lugar de encender y apagar, y, si el problema persiste tras un invierno entero, plantear la corrección del puente térmico. Esto último ya es obra, y va después de haber probado lo demás.
Ventilar bien no es dejar la ventana entreabierta
Una ventana en oscilobatiente todo el día enfría el hueco y su entorno, renueva poco aire y dispara la factura. Lo eficaz es lo contrario: abrir de par en par dos huecos enfrentados durante cinco o diez minutos y volver a cerrar. El aire se cambia entero y los paramentos, que tienen mucha más inercia, apenas se enfrían.
Los momentos que más rinden son los que siguen a una producción concreta de vapor: después de ducharse, mientras se cocina y al terminar, y por la mañana al levantarse, cuando el aire de los dormitorios lleva toda la noche cargándose. En invierno, hacerlo con la calefacción momentáneamente bajada evita tirar el calor por la ventana.
- Pintura antimoho o antihumedad. Actúa sobre el síntoma en la superficie. Si el rincón sigue frío y el aire sigue cargado, la mancha vuelve, normalmente el invierno siguiente.
- Un deshumidificador como solución permanente. Baja la humedad del aire mientras funciona, y eso puede aliviar mucho, pero no corrige el puente térmico. Para dimensionar uno de forma orientativa está la simulación de carga de deshumidificación.
- Sellar la vivienda. Cambiar ventanas y tapar rejillas sin prever ventilación empeora el problema casi siempre: se retiene el vapor que antes se escapaba.
- Rascar y repintar sin más. Si hay moho, retirarlo mal lo dispersa. Y si el caso puede acabar en un parte, se destruye la escena.
Antes de gastar en cualquiera de estas cosas conviene haber comprobado que el agua viene del aire y no del muro. Eso lo separa el protocolo H-01.